“Las suaves olas lamen una y otra vez mis pies descalzos, sobre la humeda arena mi cuerpo magullado, descansaba tras una noche agotadora. Mientras tanto mi alma vaga sin rumbo fijo… hacia algun lugar. Un lugar inexistente, un lugar oculto entre retales de un oscuro pasado y un corto presente grisaceo.
Hace mucho tiempo, alguien me contó de la existencia de un lugar donde todo puede llegar a hacerse realidad. Donde las lagrimas se convierten en sonrisas y las penas en alegrias.
Yo, al igual que tantas miles de personas en el mundo… siempre he soñado con un mundo mejor. Crecí queriendo navegar a bordo de un barco de cartón, o volar en un avion de papel… de una caja de carton hacia mi castillo, y allí en su interior siempre esperé a que apareciera mi principe azul. Pero al parecer al caballo de mi principe se le pinchó una rueda y la grua nunca llegó… ¿Qué es la fantasia? ¿Una mala manera de olvidarnos de nuestra cruel realidad?
A pesar de que el sol sale cada dia iluminando esta gran ciudad, no recuerdo cuando fye la ultima vez que uno de esos rayos dorados de luz me iluminó. Solo se que de hoy en adelante, esa luz jamas me iluminará, el viento no soplará en mi rostro, la fantasia no recorrerá cada rincon de mi cuerpo. Solo espero que ahora encuentre la paz, esa paz que no he tenido en vida. Esa paz interior que siempre ansié.
Aquí, tumbada en la orilla de esta playa… humedecida mas por mi propia sangre que por la humedad del agua. Se despide alguien que escribió sus ultimas palabras en tinta de fracaso, pero antes de soltar mi ultimo aliento, quisiera pedirte que no gastes tu vida en falsas ilusiones…”
Publicado por Melwyn Dubh en 15:07
Etiquetas: Relatos cortos
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